Desengáñate, no se te dan mal las matemáticas

Todos conocemos a alguien que dice “no ser bueno para las matemáticas”. A lo largo de nuestra vida hemos crecido rodeados de pensamientos así y puede que tú mismo creas que las matemáticas no son lo tuyo. Pero, ¿es cierto que existen personas para las que las matemáticas son una materia imposible? Recientes estudios indican que esto tiene más que ver con una creencia popular que con la realidad de nuestro cerebro.

No se pueden negar las capacidades innatas de cada individuo y que, así como existen personas con un don para la música, el arte o la literatura, existen otras con una gran facilidad para el aprendizaje y la comprensión de las matemáticas. Sin embargo, esta capacidad innata es, en realidad, el factor menos decisivo en nuestro éxito a la hora de enfrentarnos a las matemáticas.

Entre las causas que nos predisponen al fracaso matemático se posicionan en cabeza aquellas personas de nuestro entorno que, desde pequeños, nos han dicho que a ellos mismos las matemáticas se les dan mal o nos las han presentado como algo para lo que se necesita un don. Esto se denomina “ansiedad matemática” y tiene más que ver con creencias y prejuicios que con nuestras capacidades reales. Se trata de una profecía autocumplida: “pienso que las matemáticas son muy difíciles para mí y no se me dan bien, lo que me llevará a no querer enfrentarme a ellas y a dedicarles menos tiempo y esfuerzo del necesario porque no creo que existan posibilidades de éxito”.

Recuerda siempre que las matemáticas son más que las habilidades numéricas como sumar o multiplicar, sino que se focalizan en la solución de problemas. Algo que haces diariamente en tu vida cotidiana.

Un estudio llevado a cabo en Noruega puso a prueba las habilidades matemáticas de 70 niños y concluyó que lo único necesario para dominarlas es mucha práctica. Así que deja a un lado tu “ansiedad matemática” y dedica tiempo y esfuerzo a esa asignatura que te trae de cabeza y para la que seguro que tienes las capacidades necesarias. ¡Confía en tí mismo/a!